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A la ventura (Leyendo el Quijote)

Martes, 08 de febrero de 2005

Venga, y verá venir a la princesa nuestra ama

Cuando Sancho comunica a don Quijote que la señora Dulcinea del Toboso se acerca con dos doncellas suyas para verlo (II-10), la describe de este modo:

Venga, y verá venir a la princesa nuestra ama vestida y adornada, en fin, como quien ella es. Sus doncellas y ella todas son una ascua de oro, todas mazorcas de perlas, todas son diamantes, todas rubíes, todas telas de brocado de más de diez altos; los cabellos, sueltos por las espaldas, que son otros tantos rayos del sol que andan jugando con el viento.

Poco después, ante el asombro de las campesinas, se arrodilla ante una de ellas y dice:
—Reina y princesa y duquesa de la hermosura, vuestra altivez y grandeza sea servida de recebir en su gracia y buen talente al cautivo caballero vuestro, que allí está hecho piedra mármol, todo turbado y sin pulsos, de verse ante vuestra magnífica presencia. Yo soy Sancho Panza, su escudero, y él es el asendereado caballero don Quijote de la Mancha, llamado por otro nombre el Caballero de la Triste Figura.

Es fácil ver que Sancho, para engañar a su amo, trata de imitar el mismo lenguaje que le ha oído tantas veces.

Por: Felipe Zayas | El encantamiento de Dulcinea | Comentarios (0) | Referencias (0)

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